Juventudes cocreando educación: el camino hacia trayectorias de vida dignas

Por Gustavo Payán Luna, Director de Estrategia y Evidencia de Impacto Sistémico, Promotora Social México

 

Cada 24 de enero, el Día Internacional de la Educación nos invita a detenernos y reflexionar sobre una verdad tan sencilla como poderosa: la educación sigue siendo el factor más determinante para construir trayectorias de vida dignas y autodeterminadas. Este año, el énfasis en “el poder de la juventud en la cocreación de la educación” es especialmente pertinente. 

Por esa razón, desde Promotora Social México, nos sumamos a la conmemoración impulsada por UNESCO, la Secretaría de Educación Pública y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), el pasado viernes 23 de enero, convencidos de que no hay transformación educativa sostenible sin la participación activa de quienes viven el sistema todos los días.

Antes de integrarme a PSM, tuve la oportunidad de trabajar con sistemas educativos y con jóvenes en contextos tan distintos como Colombia, Filipinas, Honduras y Etiopía. Cambian los países, los contextos locales, los marcos institucionales, los recursos y las realidades del día a día, pero he encontrado que hay tendencias que se repiten. En todos estos países, como en México, la educación formal no siempre logra preparar a las y los jóvenes para el mercado laboral; persisten factores de riesgo que interrumpen trayectorias educativas; y existen sistemas que, a veces sin intención, excluyen o dejan atrás a quienes más apoyo necesitan.

Del otro lado de la moneda, ha sido revelador darme cuenta de que los anhelos de las juventudes, independientemente del contexto, son similares. Jóvenes que buscan agencia, que desean participar en la definición de su educación, construir proyectos de vida con sentido, acceder a redes de apoyo y bienestar, y ser reconocidos e incluidos como parte activa de las soluciones a los retos de sus comunidades.

Hoy, por ejemplo, el poder de la juventud para coconstruir la educación adquiere una relevancia aún mayor frente a la revolución digital y tecnológica que estamos viviendo.

La rápida incorporación de tecnologías emergentes —incluida la inteligencia artificial— está transformando la forma en que aprendemos, enseñamos, generamos conocimiento o propagamos desinformación. Este cambio abre oportunidades enormes para personalizar aprendizajes, ampliar el acceso y fortalecer la toma de decisiones. Pero también plantea riesgos si no se gestiona con criterios de equidad, ética e inclusión. En este y otros contextos, la voz de las juventudes es indispensable: son ellas y ellos quienes mejor entienden cómo estas herramientas impactan su aprendizaje, su identidad y su realidad, y quienes pueden ayudar a orientar su uso responsable en los sistemas educativos.

En México, los retos educativos siguen siendo significativos. Por ejemplo, de acuerdo con las últimas cifras disponibles de la Evaluación Diagnóstica Nacional de 2022-23, alrededor de 4 de cada 10 estudiantes de 4º y 5º de primaria tienen las competencias en lectura y matemáticas que deberían tener para su grado escolar.    Otro dato preocupante es el relacionado con el abandono escolar que asciende a 17.7% en educación inicial y de 11.3% en educación media superior a partir de los últimos datos oficiales disponibles. Estas y otras brechas y desafíos del sistema educativo afectan de manera desproporcionada a poblaciones indígenas, migrantes, personas con discapacidad, y niños, niñas y jóvenes en contextos de mayor vulnerabilidad. A ello se suma la creciente relevancia de la salud mental de la comunidad educativa, un factor clave para la permanencia, el aprendizaje y el bienestar integral. Estos desafíos no son responsabilidad de una sola institución: el sistema educativo somos todas y todos.

Desde Promotora Social México, nuestro compromiso con la educación nos lleva a invertir y contribuir al ecosistema de forma cada vez más estratégica e intencional, apostando por soluciones que atiendan causas estructurales y generen cambios de largo plazo. Ayudamos a escalar iniciativas que fortalecen el bienestar emocional en las comunidades educativas, como aquellas de Atentamente; que impulsan aprendizajes fundamentales, particularmente en lecto-escritura, como las del Instituto Natura; que promueven la calidad de la educación inicial como Hipocampus y que amplían oportunidades en la transición de la educación media superior a la educación superior, como lo hace Laudex.

También reconocemos y acompañamos a jóvenes para que tengan herramientas que les permitan abrirse camino en la vida, y que sus voces, y las de otros jóvenes, formen parte de las decisiones que les afectan. Nos inspiramos en jóvenes líderes, a veces poco conocidos, que promueven un cambio verdadero. Un ejemplo es Valeria Palacios Cruz, quien ha impulsado espacios de participación juvenil y diálogo intergeneracional, demostrando que cuando se confía en el liderazgo joven, se fortalecen los sistemas educativos y se amplía la democracia educativa.

Sabemos que transformar la educación es un proceso de largo aliento, más parecido a una travesía colectiva que a una carrera de velocidad. Pero también sabemos que, si caminamos con las juventudes —escuchándolas, confiando en ellas y cocreando soluciones—, ese camino nos llevará más lejos y con mayor impacto.

Como dijo Paulo Freire, “la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Hoy más que nunca, esas personas son las juventudes.

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